Érase una vez había un hermoso jardín,  lleno de bonitas y coloridas flores, que  todos los animales  contemplaban al pasar.  —¡Mirad! Que maravilla de flores gritaban al verlas.

Pasado un tiempo, por alguna extraña razón, las flores de ese jardín perdieron  su color,  su esplendor y su brillo, las flores estaban triste, crecían débiles y sin fuerza.

Que les pasara a esas  flores marchitas se preguntaban cuando las miraban 

Pero en medio del jardín había dos flores que seguían hermosas y deslumbraban con sus bonitos colores.

¡Mirad! ¡Mirad! ¡Que bonitas son esas dos flores! 

 Las dos flores, eran una madre y una hija, que había nacido esa primavera. 

La florecita irradiaba felicidad y alegría que contemplaba la madre a todas las horas del día.