Sebastián el rizos

Sebastián el rizos era un pequeñajo, renacuajo y traviesillo.
Sus padres le llamaban ¡hay mi taponcillo!
Era veloz, saltarín y pillín cundo alzaba la voz se escondía hasta pedrin.

Justiciero y valiente iba por las calles, defendiendo al débil y cascando al grande.
Todos huían cuando se enojaba, nadie resistía su mala baba.
Sebastián el rizos era chiquito y bonito con sus grandes ojos y largas pestañas.

Con gran salero te contestaba respondía a todo no se callaba.
Se movía rápido y audaz no te dejaba ni hablar.
Era muy gracioso con él te reías con gozo

Conquistaba a las señoras ¡hay que chiquitín más bonico!
¡Pero madre mía cuando habría el pico!
Pues a todos ponía en su sitio.

¿Niño no tienes modales? ¡Noo! se los llevó ¡Andrés perales!
Rápido como un galgo con su bicicleta iba por el barrio.
Arreglaba su bicicleta para que corriera como una metralleta.

La desmontaba y montaba y al final tornillos le sobraban.
Con las derrapadas volaba y las zapatillas agujereaba
Era zalamero como un caramelo, y a todos sacaba buenos dineros.

Echao palante a nada temía y de su lado todos huían.
La maestra le grito, Sebastián quieres atender de una vez
Y él le grito también ¿Qué quiere doña Isabel?

¡Sí me vuelves a gritar un tortazo llevarás!
—¡Pues sepa usted doña Isabel que también se lo daré!
Granujilla y pillo respondía como un grillo.

Sebastián el rizos era el pequeño de ocho, lo mimaron lo siete sin quitarle el chupete.
Ahora ves y quítaselo que te parte en dos.
Y esta es la historia de un pequeño gigante que creció y se hizo grande.
Nunca se dejó asustar y hoy sigue igual de audaz.

Sebastián el rizos un menudo ¡¡Cojonudo!!

Desde el cariño y el recuerdo te escribo esta poesía para tu día.

Felicidades Mi niño!!!